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31 julio 2007

DOS DORMITORIOS PARA UNA MISMA PAREJA


Acabo de leer un reportaje en el que aseguran que la mitad de los berlineses viven solos, es decir, sin pareja. Hogares únicos. Y que la tendencia va en aumento. Por eso, aseguran, las webs de contactos (para conocer pareja, que no exclusivamente sexuales) están en auge.

Una compañera de trabajo me acaba de comentar que ella no lo entienden. "¿Cómo es posible que tanta gente viva sola?", se pregunta. A mí también me cuesta comprender que haya personas dispuestas a vivir sin más compañía que sus paredes, sus pertenencias y, en el mejor de los casos, algún perro, gato, pez o hámster.

A por el piso

Me acuerdo de una amiga que estaba preparando su boda. Tras llevar un montón de años de soltera, por fin se decidió a compartir su vida con alguien. Y ahí empezó uno de sus problemas. Me contó las dificultades que tenía para encontrar un piso de cuatro dormitorios en el que meterse con su flamante novio.

"¿Cuatro dormitorios?", le pregunté. "Pero ¿cuántos niños pensáis tener?".

"No sé. Uno o dos", me contestó.

En mis pupilas se formaron dos gigantescos interrogantes por lo que, antes de que me atreviera a abrir boca, ella me aclaró:

"Dos de los dormitorios son para mí y mi pareja. Uno, para utilizarlo aquellas veces en las que apetece dormir juntos y hacer cosas. Pero también hay noches en las que yo prefiero dormir sola. Para eso quiero el segundo dormitorio".

Y me lo dijo, con una sonrisa, absolutamente convencida. ¿Secuelas de una soltería prolongada? ¿Miedo a una inmersión total con su pareja? ¿Demasiado egoísmo? ¿Un exceso de sentido práctico?

Víctima desconocida

No pude evitar imaginarme a su entonces novio, a quien también conozco, mirando desde el comedor las puertas de dos de los cuatro dormitorios, intentado descubrir cuál le tocaría esa noche y si, por fin, iba a tener derecho a roce.

Por suerte, nunca se llegó a casar con él. Aunque sí con otro novio posterior al que afortunadamente nunca conocí. Aunque tal vez le distinguiría en una rueda de reconocimiento por su semblante triste y resignado.

12 junio 2007

FUEGO EN EL CRUCE


Iba a clases de narración oral, o de contar cuentos, o de hablar en público, o de seducir con la palabra, o de atrapar con el verbo... Y la profesora, la experta narradora chilena afincada en Barcelona Numancia Rojas, nos propuso un ejercicio de observación humana.

Debíamos fijarnos en alguna de las personas con las que nos cruzáramos en la calle y mirar detenidamente sus gestos, sus rostros, sus movimientos para deducir quiénes eran y adónde iban, algo de lo que muchos a veces ni intuimos sobre nosotros mismos.

Estaba en la esquina de las calles Nàpols y Consell de Cent, en Barcelona. Eran las 8.45. Quedaban 15 minutos para subir al taller de narración oral y yo tomaba un café en la granja que hay en el cruce. Y entonces le vi.

Alto, fuerte, pelo largo, negro y algo rizado. Lo descubrió al quitarse el caso integral de su moto de gran cilindrada, que dejó sobre el asiento. Se sacudió la melena con la mano. Y miró el reloj mientras oteaba hacia un lado de la calle. Ese detalle me activó las alertas.

Esbelta, elegante, rubia

Pagué mi café y salí a la calle. El seguía allí, esperando. De repente, hizo un ademán un poco más brusco de lo que se podría considerar normal a esas horas de la mañana. Miré yo en la misma dirección que él y la vi.

Unos 40 años, esbelta, elegante, rubia. Caminaba como quien avanza esperando estrellarse con algo o alguien. El deseo emanaba de sus apresurados pasos, que a su vez trataba de contener con el cimbreado distinguido de su figura armónica. Pero las gafas de sol y la sonrisa comenzaban a delatar su pecado.

Ella se paró a apenas medio metro de él. No se besaron. Se sonrieron, eso sí. Sonrisa chivata de tanta pasión oculta. Se les notaba también en los ojos. Eran dos cuerpos ansiando fundirse el uno con el otro. La calle entera se paralizó. Como si el japonés de Héroes hubiera hecho de las suyas.

Ya tenía claro que eran amantes. Qué el iba de camino a su trabajo con la moto. Que ella acababa de dejar a los niños en el colegio. Que los dos iban directos a una cita clandestina.

El mueblé del barrio

Sólo tuve que seguirles. Yo conocía el mueblé del barrio, un hotel para parejas con habitaciones decoradas de los estilos más exóticos: África, Roma, Francia... La puerta del edificio es muy discreta (foto superior), pero todo el barrio conoce y envidia lo que pasa allí dentro.

Ellos caminaron hacia esa puerta blanca de cristal traslúcido. Al llegar, se detuvieron en seco. Seguían sin tocarse, aunque se lamían con los ojos y el pensamiento. Miraron a uno y a otro lado, para comprobar que nadie les seguía. Tan rápida y nerviosamente que no repararon en mí. Y enseguida cruzaron el portal.

Yo sonreí. Por ellos, porque iban a sumergirse por fin el uno en el otro. Por mí, porque mi primera práctica de observación humana había sido un éxito, aunque los objetos a analizar habían intentado infructuosamente que nadie descubriera su infidelidad.

16 mayo 2007

EL ATROPELLADO Y LOS DOS SAMARITANOS


Me pasó en Tarragona. Normalmente, siempre llevaba en el bolso mi cámara Konica Pop, de color rojo brillante (nada discreta para mi trabajo). Y aquel día, cuando vi a un hombre tirado sobre el asfalto de la Rambla Nova no me lo pensé dos veces.

Primero acudí a ver si podía ayudar al herido, pero ya había dos personas, un hombre y una mujer, atendiendo al peatón atropellado. Y un buen número de curiosos arremolinados en la arteria principal de la pequeña ciudad.

Suceso poco frecuente

Así que opté por tomar unas cuantas fotografías. Trabajaba en el Diari de Tarragona y aquellas fotos podían llenar un buen espacio en las páginas de Local. No todos los días atropellan a alguien en una ciudad de 90.000 habitantes, en nada comparable a otras fagocitadoras de peatones y motoristas como Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia o Bilbao.

Llegué a la redacción con mi foto bajo el brazo. Bueno en realidad en la cámara, dentro de un rollo de negativo (entonces no existían las digitales), y la entregué a los compañeros del laboratorio para que la revelaran.

No había muerto

Salió en la sección de Sucesos. "Atropello en la Rambla", decía el titular. Era una noticia a pie de página. Una más, en un diario saturado de novedades. El atropellado no había muerto y eso, mal que nos pese, marca la diferencia en la extensión de la noticia.

Al día siguiente, cuando yo ya estaba metido en nuevas historias, me avisaron de que tenía una visita en la entrada de la redacción. Allí me encontré con una pareja indignada. Me dijeron que estaban dispuestos a denunciarme por la foto del atropello.

"¿Son familia del herido?", les pregunté. "No. Somos los que estamos ayudándole", contestaron. Y yo repliqué: "¿?" (estos signos significan la mueca perpleja de mi cara).

En el lugar equivocado

Y entonces, los dos comenzaron a explicarme que eran amigos, buenos amigos, muy buenos amigos... tanto que no podían salir juntos en una foto, porque ni uno ni otro debían estar allí en ese momento y muchos menos juntos. Aunque fuera realizando una buena acción.

Yo me excusé, aunque no sé muy bien porqué, pero les dije que ya no se podía hacer nada. No sabía que los dos estaban casados (cada uno con su respectiva pareja) y ellos estaban en la vía pública, en el epicentro de una noticia.

No volví a saber más de los dos infieles. Una pena. ¿Se rompió una de las parejas? ¿Las dos? ¿O tal vez las tres? ¿Tenían derecho a denunciarme?

Si os apetece, escribidme vuestra opinión, aunque os adelanto que tengo la conciencia tranquila.

14 febrero 2007

BESOS POR DOQUIER

A mí tampoco me gustan las fechas tópicas y típicas como la de hoy, pero reconozco que al menos suponen una buena excusa para pensar una vez más en la persona que amas. Ahora bien, de ahí al márketing sentimental desgarrado hay un buen trecho.

De todas formas, me ilusiona que hoy, con la excusa tonta de San Valentín, millones de personas compartan otros tantos besos. Muchos posiblemente han olvidado que un día se amaron, otros simplemente se soportan, aunque también los hay desbordados de pasión a los que un día como éste supone una magnífica excusa para zambullirse en el otro

Yo, por suerte, ando sobrado de amor y aún mantengo viva esa emoción. Convivo con la mejor mujer del mundo. Y aprovecho esta ocasión ¿por qué no? para decirle, ante todo aquel que quiera leerlo, que la amo con locura y con pasión y que cada día que pasa me siento más unido a ella.

Pero no quiero seguir poniéndome trascendental y menos en un 14-F. Por eso os invito a echaros unas risillas. El vídeo que viene a continuación es un clásico en la red. No va de amor, pero casi. Va de besos, muchos besos.

Argumento: Una chica se presenta en un casting para un anuncio de barras de labios. Debe besar a unos chicos y ella, después de mirarlos, parece muy dispuesta...