09 mayo 2007

EL VIRUS EQUINO POLICIAL

En 20 años de profesión periódística sólo una vez me han citado para tener que dar explicaciones a la autoridad competente sobre una información. Y no se trató de que hubiera injuriado a alguien o que hubiera mentido. El asunto tuvo que ver con caballos y también con la policía.

Fue en el verano de 1991. Ese año anterior a los Juegos Olímpìcos de Barcelona se detectó un brote de peste equina en Andalucía y todos estábamos muy susceptibles con todo lo que tuviera que ver con caballos y epizootias (enfermedad en animales). Un brote de esas características podía estropear la imagen de los JJOO. Y eso no se podía permitir.

Y fue en ese contexto cuando recibí una misteriosa llamada en la redacción. Una garganta profunda me aseguró que todos los caballos del Cuerpo Nacional de Policía en Barcelona estaban en cuarentena por una extraña enfermedad.

La confirmación de un veterinario

Enseguida me puse manos a la obra. En esos casos tiras de agenda. Localicé a un veterinario que me confirmó la enfermedad. No era grave, pero los equinos tenían diarrea y, claro, no podían patrullar.

Publiqué la información y me quedé tan ancho. Hasta que un día me encontré un sobre en la mesa. Era una citación policial. Pero no me invitaban exactamente a ir a una comisaría, sino al cuartel policial de la plaza de Espanya (hoy ya desaparecido).

Como yo para esas cosas soy muy desconfiado, hablé con el abogado de la empresa y nos presentamos los dos juntos el día y la hora señalados. En el típico despacho policial, cutre y rancio, un agente comenzó a hacerme preguntas mientras su compañero escribía a máquina las respuestas. Iba rápido, muy rápido, entre otras cosas porque yo no decía nada que no fuera que símplemente me negaba a contestar.

Asuntos internos

Al parecer, eran agentes de asuntos internos y pretendían que yo les desvelara cómo me había enterado de la existencia del virus intestinal equino. No parecían interesados en sus caballos, sino en pillar a mi confidente.

Los aplicados funcionarios parecían ignorar que estábamos en 1991, que la Constitución garantiza la libertad de prensa, que los periodistas no solemos cantar... Imagino que lo intentaron por si picaba y, asustado, les contaba todo lo que ningún informador osaría contar.

Aunque no me las quiero dar de chulo, no me sentí intimidado, ni cohibido. Aunque no negaré que me tranquilizaba sobremanera acudir acompañado de mi abogado. Y es que en una depedencia policial sabes cómo y cuándo entras, pero a veces no puedes calcular cuándo vas a salir.

4 comentarios:

starkian dijo...

Muchas gracias a ti también. Para eso estamos y seguiremos aportando consejos y experiencias para ayudar a todos.
Mucha suerte!!

Saludos

Anónimo dijo...

Muy bonito lo que has publicado en el blog del Mundo. ¡Ojalá yo pudiera expresar así mis sentimientos!

Luciérnago dijo...

Para Starkian.
Hoy si puedo linkaré tu blog al mío. Así iremos tejiendo redes y creciendo. Un saludo.

Luciérnago dijo...

Para Anónimo:
La verdad es que hay 'comentaristas' mucho mejores en el blog de El Mundo. De todas formas, muchas gracias. Me encanta la gente que escribe con sensibilidad y los que se emocionan con las cosas. Te agradezco mucho tu comentario. Y espero que te pases a menudo por aquí.