07 abril 2007

COMO UN PARTO, O CASI


¿Habés tenido alguna vez un cólico nefrítico? Los hombres solemos decir que es más doloroso que un parto, probablemente porque nunca hemos tenido que parir. Ya nos va bien difundir este bulo para demostrar que nosotros también tenemos mucho aguante y autoconvencernos de que tampoco en eso ellas nos van a superar.

Pero al margen de mayores o menores resistencias de género al sufrimiento físico, lo que me ocurrió aquella madrugada en la cama me ayudó a volver a creer en los médicos, esos grandes gurús del sufrimiento y el desconcierto.

Desencajado

Y no era para menos. Debían ser las tres de la madrugada cuando me desperté tan desencajado por el dolor que aún a veces me digo que aquello no ocurrió, sino que debió ser una pesadilla. Mi mujer saltó de la cama al oír mis gritos. Al verme la cara, comprobó que la situación era de alerta máxima: los labios se me habían desdibujado, mi tez palidecía y mis ojos destilaban sufrimiento puro y duro.

Ella se tiró sobre el teléfono y llamó al 061, que por aquellos años comenzaba a funcionar con eficacia, mientras yo intentaba en vano cambiar de postura entre las sábanas para mitigar el dolor en la parte inferior de mi espalda y en mi ingle.

En apenas cinco minutos, oímos una moto que paraba debajo de casa e inmediatamente después los pasos del ángel de la guarda subiendo las escaleras con el uniforme del 061 y un maletín metálico en la mano que debía devolverme la vida (es un decir, pero es que en esos momentos uno se siente más allá que aquí).

¡Qué alivio!

Miguel, el médico, me puso la inyección y el dolor empezó a retirarse mientras mis labios volvían a esbozarse en mi cara y los ojos dejaban de mostrar la agonía. ¡Qué alivio! Todavía lo noto y me sonrío satisfecho.

El doctor nos contó que había llegado tan rápido porque había venido en moto. En aquellos años, cuando un caso era realmente grave, primero enviaban al médico con la moto en plan avanzadilla y luego llegaba la ambulancia, cuya dotación se ponía a las órdenes del facultativo.

A mí no me tuvieron que llevar en ambulancia, pero me acortaron el sufrimiento. "Para nosotros es tan grave un cólico nefrítico como un infarto. No queremos que la gente sufra. Por eso venimos enseguida", me contó Miguel antes de irse a otra urgencia domiciliaria en su moto.

Mi cólico duró cinco minutos y fue tremendo. Y pensar las dolorosas contracciones de un parto duran horas...

Uffff! Prometo no volver a quejarme. Al menos, lo intentaré.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si comes rabanitos en la ensalada habitualmente, no te volverá a pasar.
Tati

Luciérnago dijo...

Lo tendré en cuenta. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

Anónimo dijo...

HOSTIASSSSSSSSSSSSS ¡QUÉ DOLOR!.. ¿Sólo uno? ¿competimos compañero de penas y oficio?. Llevo tropecientos de los que cuentas y otras tantas piedras. Toda una cantera de meteoritos afilados que hacen que parezca que tienes la menstuciación aunque sea hombre. Siete litroticias, ya sabes, esa bendita máquina que rompe las piedras a latigazos de tonos aunque despúés tus lomos parezcan que les han dado un coz de caballo.En fin...¡nunca más!. Después de pasar un cólico, las patadas en los cojones son como suaves besos femeninos.

Luciérnago dijo...

Es que yo me cuido. Desde aquel susto bebo muchísima agua. Unos dos litros al día. Así si se forma la piedrecita, la vierto en el inodoro. ¡Gracias por compartir tu ayyyyy dolorosa experiencia!